LA HISTORIA DE MARÍA clara

En el poco tiempo que llevo compartiendo en Donyets tengo ya varias historias que contar y me encuentro hoy en la necesidad de elegir una de ellas. La elección es difícil.

Podría hablar sobre el día en que alguien organizó un círculo mágico para expresar que no quería sentir miedo ni ser manipulada por los demás, y todo lo que surgió a partir de ahí.

Podría contar con detalles el día en que Naima, Damián y Marina compartieron, como todos los días, su comida, y ese día en especial la disfrutaron tanto, de los dedos a la boca, la propia y la de los otros... todo el cuerpo barnizado de espaguetis con salsa y de tanto gozo que al final del postre no tuvieron mas que mirarse los tres, reír, saltar, abrazarse y besarse agradecidos y felices por ese maravilloso momento.

Podría hacer algún discurso teórico sobre la educación, pero hoy me apetecen mas las historias frescas, por lo tanto, elijo por la que más cercana siento a mi propia emoción: Empiezo por decir que Donyets es uno de los pocos espacios que conozco donde unos y otros podemos ser tal como somos y estamos, aunque hay algo que está claro: los niños son los protagonistas y los adultos acompañamos su proceso dando lo mejor que tenemos cada día.

Aquel fue un día de movimiento y colaboración en Donyets. Cada uno, según sus posibilidades, contribuyó en el arreglo de un espacio del colegio. Fue un día de trabajo que implicaba organización y atención, con momentos de juego y cambio de actividad que no rompían, sino que por el contrario, enriquecían la labor.

Entre la actividad que nos propusimos, el comer, la siesta de algunos y el atender demandas cotidianas, a mí se me pasó especialmente rápido el tiempo. En un momento, ya en la tarde, me retiré y salí a dar un pequeño paseo, en el que conecté con el dolor que me ha producido la muerte reciente de uno de mis seres mas queridos, una de esas muertes innecesarias que suceden hoy en día por la violencia que azota el país donde nací. Me debatía una vez más entre el sentimiento de derrota y fortaleza, sin definirme, y aveces, he de confesar, con tendencias a elegir tozudamente por la primera.

Pero no era el momento propicio para pensar en esto. Desde el punto donde estaba oía las risas, los juegos, las llamadas de los niños. La vida, la realidad demandaban mi presencia y volví a entrar, agradecida.

Poco después me llamó Alba y me preguntó:

¿Por qué este árbol está atado?

Le dije que sus ramas estaban muy frágiles y queríamos que creciera hacia arriba. Como eran tan frágiles las ramas, el árbol estaba creciendo hacia el suelo porque no tenía la fuerza suficiente para ir hacia arriba. Si lo atábamos, entre todas las ramas lograrían que el árbol creciera mas sano.

Y más bonito - dijo ella

Y dijo también que le gustaba saber eso, porque algún día vio el árbol atado y lo desató, pero ahora sabiendo lo que pasa, mejor que esté así.

Se fue, y en poco menos de un minuto volvió, me miró y se puso en una actitud corporal de interrogación que nunca olvidaré, con las manos levantadas hacia los lados y me dijo:

Y además, para qué quisiéramos tener un árbol frágil en Donyets?

Parecía satisfecha por su comprensión. Se fue y se sumergió en el juego con los otros. Me dejó una gran pregunta y una gran lección. Ya no me debato entre la derrota y la fortaleza, elijo sin dudarlo por la segunda, y por la alegría de vivir que me contagian los ojos brillantes de los niños, su curiosidad, la búsqueda y el encuentro del placer en el contacto con los demás.

Este es solo uno de los tantos días en que en Donyets me doy cuenta de la riqueza que hay en un niño libre y de lo mucho que vale el respetar y ayudarles a cuidar de esa libertad y, como en ese momento, permitirnos a su lado recuperar la nuestra.

María Clara, 2007


La historia de María

Este es mi tercer año en Donyets y aún mantengo un recuerdo muy lúcido de mis comienzos en él. Realmente, mi vida ha cambiado desde aquel día en el que recibí lo que pretendía ser una publicidad chocante de un “espacio por y para l@s niñ@s”. Me llamó la atención por lo radical y profundo que sonaba todo lo escrito en aquel tríptico verde tan de “ir por casa”. Debido a ese primer impacto, me decidí a llamar para informarme acerca de ese centro tan extraño y atrayente al mismo tiempo. Por aquel entonces yo andaba, junto con mi pareja, deseosa de encontrar un espacio en el cual mi hijo de dos años pudiese, por lo menos, educarse académicamente con un mínimo de dignidad y de deseo por su parte. Visité escuelas autodenominadas “libres” donde yo había acudido durante mi infancia y, tras reencontrarme con mi pasado, cuál fue mi decepción al observar cómo aquellos centros donde yo entregué mi niñez, se habían convertido en un mero comercio educativo donde l@s niñ@s eran tratad@s con la misma falta de respeto e indiferencia que en aquellas escuelas públicas que yo tanto había criticado.

Así que, al acudir a aquella reunión informativa quedé fascinada por las palabras que emergían de las bocas de sus dos “directores” y cuanto más escuchaba más me atraía eso que ell@s denominaban el “Proyecto Educativo Donyets”; todas y cada una de las frases concordaban con aquello con lo que yo había estado soñando durante más de dos años para que mi hijo pudiera ser una persona, futuro adulto, realmente libre y feliz. Y de esta manera fue como apareció de forma inesperada en nuestras vidas l’Escola Lliure Els Donyets.

Así que, cuando en Septiembre de 1999 se abrió el curso académico, Erik empezó una nueva etapa en su vida. Todas las mañanas acudíamos juntos desde Llíria, el pueblo donde vivimos, hasta la zona de Fontanares de Valencia, que es donde estaba anteriormente ubicado Donyets, y procedíamos a la segura y reconfortante (para ambos) “adaptación” de Erik: él iba a ser cien por cien libre de elegir dónde, cuándo y con quién le apetecía estar en cada momento; yo me situaba, junto con el resto de madres-padres-cuidador@s, en un extremo de la sala donde l@s niñ@s jugaban, experimentaban, charlaban, cantaban, saltaban, gritaban, se peleaban . . . y, cuando algun@ de l@s niñ@s, por la razón que fuese, deseaba acercarse a mamá-papá, ést@ le extendía los brazos en total sincronía a sus deseos, de forma que no se sentía coartad@ por ninguna figura externa, eran sencillamente sus necesidades más reales y puras satisfechas de forma inmediata.

Tras estar acudiendo de esta forma durante un mes de manera sistemática, fuimos observando que Erik iba “independizándose” paulatinamente, acudiendo a mí de forma más distendida, prestándome cada vez menos atención y aumentando de este modo su deseo real de compartir momentos y vivencias con l@s que empezaban a ser sus nuev@s y verdader@s amig@s. Tras observar este pequeño- gran avance en Erik con respecto a su madurez personal, decidimos que lo más apropiado para él era que yo fuera “desapareciendo”, con su total aprobación (por supuesto), primero durante breves momentos para, progresivamente, ir prolongándolo a ratos más largos hasta conseguir que pasara todo el día en el cole sin necesidad alguna de mamá o papá, a l@s cuales tenía pleno acceso durante el resto del día. De esta forma, decidí reemprender de nuevo mis estudios de Psicología, acudiendo a clase tras dejar a Erik todas las mañanas y mostrándome siempre accesible por si mi pequeño lo requería, mediante un teléfono móvil.

Sin embargo, esta situación duró poco. Al mes de haberse adaptado Erik, es decir, en Noviembre, Inma y Jordi me comentaron de hacer una reunión a solas conmigo. Así que una tarde nos reunimos los tres y, cuál fue mi sorpresa al proponerme formar parte del equipo Donyets. Yo anteriormente me había ofrecido para colaborar en este proyecto y, de hecho, desde siempre me he sentido realmente atraída por un trabajo semejante. Así que, sin pensármelo dos veces y con la ilusión más vivaz existente, contesté con un: ¡claro!, y, tras una breve pero contundente entrevista, empezamos manos a la obra con mi adaptación al grupo y a mi nueva situación.

Después de verificar esta adaptación, proseguimos el curso entero ofreciendo a ese pequeño pero auténtico grupo de niñ@s una educación libre y autorregulada, mientras yo por mi parte interiorizaba todos los términos, actitudes y comportamientos propios de este tipo de proyecto, con toda la ilusión del mundo, y pudiendo compartir con mi hijo todas y cada una de sus vivencias. Aún recuerdo aquel cálido aunque restringido local, con tod@s aquell@s duendecill@s saltando medio desnud@s, esos eternos y agradables almuerzos, esa diminuta cocina donde preparábamos una deliciosa comida vegetariana, la cueva donde les encantaba a tod@s y cada un@ de l@s niñ@s esconderse, las eternas y frecuentes reuniones en las que empezábamos a concretar aspectos básicos de nuestro proyecto común o aquellas Escuelas de Padres-Madres tan necesarias para fusionar con casa todos los aspectos educativos-emocionales para el óptimo desarrollo de nuestr@s hij@s; ese parque público del que prácticamente nos habíamos apropiado, al que salíamos a ver hormigas, a mancharnos de barro humedecido por la lluvia o el rocío, o a subirnos a la montañeta situada en el centro, fruto de conflictos varios y diversos juegos; también rememoro la gozada de poder acudir a la playa a disfrutar con esos pequeños- grandes seres de un soleado y apacible día de primavera, de las infinitas excursiones al teatro, a parques, a L´Albufera, a la huerta . . . Son miles y magníficos los recuerdos que acuden a mi mente con tan sólo visualizar aquel entorno.

Ya terminando el curso, surgió otra nueva e inesperada sorpresa en mi vida: un nuevo ser había llegado a mí. La ilusión y la plenitud de revivir de nuevo, aunque con distintos matices, el proceso del embarazo, el nacimiento, la lactancia y la educación de otra personita me acogió por completo. Así que decidí compatibilizar mi “ser madre” por segunda vez, con el trabajo de educadora que hasta ahora había llevado. Esta noticia obtuvo una respuesta muy positiva y cercana por parte del equipo Donyets, que, observando que en unos meses me ausentaría temporalmente, decidieron ponerse a la búsqueda de otras personas que pudieran apoyar a Inma en el día a día de la escuela. Además, el curso que estaba por empezar iba a dar comienzo en un nuevo ambiente: habíamos decidido, tanto por parte del equipo como por parte de l@s madres-padres, ubicar el cole en el campo. Tras el duro y cansino trabajo por parte de Inma y Jordi de buscar una casita donde situarse, lograron encontrar el sitio idóneo en una urbanización de Bétera (lo cual a mí me venía y me sigue viniendo de maravilla por estar al lado de casa). El espacio necesitaba ciertos arreglos y muchas mejoras, pero el trabajo “en equipo” por parte de tod@s l@s que constituimos Donyets resulta la mejor garantía de avanzar, aunque sea pasito a pasito.

Así que empezamos el curso 2000, con mucho trabajo por delante pero con energía. Era un lujazo, y sigue siéndolo, ver a l@s niñ@s de Donyets pringarse con el barro con total tranquilidad y deseo, sin coacción alguna, verles trepar a los naranjos como si de mon@s se tratase, observar cómo construyen cabañas de mil formas y estilos, con cualquier material que esté accesible, ofrecerles todo tipo de información acerca de las ranas, renacuajos y algas del estanque, tener la oportunidad de encontrarse con un grupito de niñ@s “haciendo libro” en cualquier mesita al sol o aprendiendo a leer en una banqueta en medio del césped, poder comer tod@s junt@s al aire libre en los maravillosos y calurosos días de primavera de Donyets . . . En fin, aquel paso al campo significó un cambio brutal para la escuela y para l@s que allí convivimos cotidianamente.

Una vez entrado el invierno, con el frío que consigo trae, encendíamos la chimenea de leña y nos dedicábamos a pasar las mañanas enteras haciendo rincones o libro, leyendo tod@s junt@s un cuento, preparando entre un@s cuant@s la comida o algún postre, fregando lo que se quedó el día anterior . . . ofreciendo una convivencia real y cotidiana, con los pros y los contras que conlleva para cada un@ de l@s individu@s.

Pasadas las Navidades, yo ya me encontraba tan plena en mi embarazo que decidí dejar de acudir a Donyets por una temporada y poder reencontrarme de nuevo con l@s duendes con un bebé al brazo y dispuesta a incorporarme de nuevo. Así que el resto del curso no fui de forma “oficial”, aunque sí que iba a llevar a Erik a su cole y, claro está, en cuanto nació Izan fui a que tod@s l@s niñ@as tuvieran la oportunidad de ver ese bebé que: ”María había tenido en su barriga” y que tan de cerca habían vivido todo el proceso, y las consecuentes explicaciones, del embarazo.

Comenzado el curso 2001 he vuelto a acudir a Donyets, esta vez con un bebito “ pegado a la teta”, entretenidísimo con todo lo que hacen l@s nenes-as y agradecidísimo del amor que contínuamente le ofrecen niñ@s y mayores de todas las edades y condiciones. Me sigo sintiendo tan a gusto e ilusionada como el primer día; sigo compartiendo y verificando día a día el Proyecto Donyets, con el cual me he sentido plenamente identificada, comprendida, respetada y apoyada no sólo a nivel laboral, sino en todas las facetas de mi vida, dato realmente significativo teniendo en cuenta el mundo en el que vivimos.

Erik acude, desde siempre, todos los días a su cole con una ilusión tremenda, lleno de deseos de aprender y compartir, de disfrutar cada momento con plenitud; explorar, experimentar y gozar con cada vivencia, con cada conflicto, que le acerca cada vez más a sí mismo y a las personas que le rodean; teniendo la posibilidad de respetar y ser respetado, de decidir a cada paso qué es lo que su ser le demanda y satisfaciendo, de esta forma, todos y cada uno de sus deseos, sabiendo que ha sido respetado en cada uno de sus procesos; teniendo en cuenta que la vida tiene límites y respetándolos, formando su ser con una buena base de felicidad . . . siendo un niño libre, feliz, futuro adulto sano.

Desde aquí me gustaría agradecer tanto a l@s dos creador@s de Donyets, como a las personas que se han incorporado más tarde, sean educador@s o madres- padres, por seguir apoyando la necesidad de cambio en este mundo y, específicamente, en nuestr@s hij@s, l@s cuales parecen ser la apuesta más clara para el cambio real.

Gracias,

María (mamá de Erik e Izan y educadora de Donyets) 2001


LA HISTORIA DE ana

Antes de irme, quería comentaros como he vivido mi experiencia en Donyets.

Yo he pasado por ocho años de escuela infantil y primaria y 6 años de secundaria y bachiller, en todos ellos la gran parte del tiempo he estudiado lo que me han dicho, me he comportado como decían que era “correcto” y he decidido más bien poco, en lo que a la escuela me refiero.

De todas maneras al ser un perfil que sabía encajar con lo esperado he salido airosa sin problemas de esa educación. Pero no por ello la considero buena y apropiada, sino todo lo contrario.

Me encanta el trabajo con niños y desde los 15 años, ahora tengo casi 23, llevo dando clases de tenis, de natación, escuelas de verano, clases de repaso… y estudio ramas que me llevan a la educación. De todo ello me he dado cuenta que no por imponer una autoridad y unas normas exigentes alcanzas los objetivos propuestos, ya que si buscas la felicidad y aprendizaje de los niños debes empezar por escucharlos, dejarles decidir, dejando que acierten y se equivoquen por sus propios medios y guiarles en lo que realmente necesiten.

Llegando ya a mis días con vosotros he de deciros que me habéis abierto la mente mucho en este sentido.

He vivenciado mis teorías sobre una escuela con niños felices que deciden y tienen criterio propio. Que adquieren un aprendizaje significativo ya que realizan e investigan sobre lo que a ellos les motiva e interesa.

Viven en sociedad con unas normas que ellos consideran apropiadas y fundamentales para poder ser libres. Algo tan básico y a la vez tan utópico en cualquier centro educativo, que me parece increíble cómo se lleva aquí. Estas normas al ser comprobado que son necesarias, por los problemas que surgen del día a día, son auto-reguladas por los propios niños cuando se incumplen y por ello aprenden el verdadero significado de “sin normas no podemos ser libres”, frase que he escuchado aquí en boca de un niño de 6 años.

El tema de la autonomía y la creatividad es algo casi inexistente en las escuelas por donde me he movido y vosotros lo fomentáis de una manera espectacular. Estoy cansada de ver e incluso yo he sido participe de decirles a los niños como deben hacer, pintar, o montar cualquier cosa y en vuestros talleres, en los que dais un pequeño acompañamiento de la actividad, salen cosas verdaderamente increíbles proveniente de la imaginación de los niños.

En las escuelas convencionales es poco habitual ver niños que se mezclen con otros más pequeños o mayores y lo considero verdaderamente enriquecedor. Aquí vemos cómo no hay una separación por cursos y cada niño sin importar edad y sexo comparte su tiempo con quien más le apetece. Viviendo un respeto global por todos los miembros de la escuela.

No he escuchado ningún comentario discriminatorio y pos supuesto que tienen sus diferencias, como todo el mundo, pero lo realmente asombroso es que son lo suficiente maduros como para decírselas a la cara y asumirlas.

Esto viene del gran trabajo de los círculos mágicos. Me ha parecido una verdadera experiencia, el escuchar todos los comentarios, contando sus alegrías, disgustos, preocupaciones, problemas e intereses, seguidas de respuestas, tanto por parte de educadores como por parte de ellos mismos, repletas de empatía y sinceridad. Lo considero un medio genial de mediación, fomento de la expresión e instrumento de educación democrática.

Podría ponerme a comentar cosas que de primeras me han llamado mucho la atención como los insultos, los gritos, dejar a elección de los niños cuándo y que comer, ver como se suben a una rama del árbol bastante alta y ver como con una pequeña reflexión de “¿crees que estás seguro?” ellos mismos deciden o no si verdaderamente están en peligro, ir desnudos por la escuela o ponerse tres capas encima… Son cosas a las que no estoy acostumbrada y por ello las destaco pero el llevarlas como las he visto aquí creo que ayuda al crecimiento como niñ@s mucho más autónom@s y madur@s.

Sé que me dejo muchas cosas y eso que no he podido involucrarme más y emplear el tiempo que me hubiera gustado en estar aquí con vosotros.

Así que para acabar me gustaría daros las gracias a todos, ya que me ha parecido una experiencia más que enriquecedora y me he sentido arropada como una más en mi pequeña estancia. Tener claro que habéis marcado mis pasos en mi formación continua.

No es un adiós porque me gustaría poder venir más veces a visitaros. Y si me es posible asistir a vuestras actividades y cursos.

UN ABRAZO Y MUCHOS BESOS!

Anna


LA HISTORIA DE alessandra

Llegué a Donyets, recuerdo, en un día de convivencia. Estaban todos por allí haciendo cosas. Imma me presentó la escuela y me habló de cómo funcionaba todo. Me identifiqué y creí que seria el mejor sitio para llevar a mi hija.

Empezamos la adaptación. Estabamos mi hija y yo. Me impresionaba mucho como los niños eran tratados. Me encantaba todo el respeto que tenían hacia su desarrollo, su ritmo y su momento en la vida. Había mucha coherencia entre lo que se hablaba y lo que se hacía. Eran libres y yo comprobaba que a un niño libre no es necesario decirle lo que tiene o no que hacer. Ellos pueden decidir porque lo saben, porque lo sienten.

Sentía que mi hija poco a poco iba integrándose en todo. Iba desarrollándose. Sí, lo que hay en Donyets es un venir, un dejar venir todo lo que hay de un niño. Hay una receptividad... hay un escuchar... Todo eso me daba mucha seguridad y confianza en aquello que había elegido para mi hija.

Seguimos en Donyets. Hacemos la segunda fase de adaptación. Mi hija ya no me necesita tanto; ya puede estar más con los niños. Confía. Desarrolla su propia identidad, su manera de ser, porque hay espacio para que lo haga. Todo está pasando de forma natural. Sin traumas y a su tiempo (nuestro tiempo).

Alessandra , 2005